Desperté en la fría sala de espera del hospital. Que raro que el resto de mis amigos hayan desaparecido y me hayan dejado aquí. Seguro fueron por algo de comida y no quisieron molestarme.
Teníamos ahí bastantes horas. Estabamos esperando a que nos dieran noticias de nuestra amiga Sandra, una chica dulce de cabello rojizo. Ella es tan bella y tan frágil; y nosotros, sus amigos de juventud somos lo mas cercano que tiene a una familia. Sus padres fallecieron en un accidente cuando ella tenía corta edad, y siendo sus padres también hijos únicos se quedo ella sola en este mundo, con su única abuela. Lamentablemente su abuela falleció el año pasado dejándola doblemente huérfana. Sandra, Sandra, cómo lloró Sandra la partida de su abuela, fué tan duro para ella que su corazón falló, no pudo soportar la gran pérdida. Desde entonces ha estado en espera de un donante para el transplante que necesita. Anoche recibió una llamada, tenía que correr al hospital porque su corazón había llegado.
Los muchachos y yo, nos venimos con ella al hospital. Todos la queremos mucho, ojalá venga pronto alguien de quirófano con buenas noticias.
-Hola, viene usted acompañando a la señorita Sandra B.
-Si dígame
-El transplante no ha salido bien, lo hemos intentado varias veces, la señorita esta muriendo, ella lo necesita a su lado en este momento, acompáñeme usted por favor.
Caminé al lado del doctor, casi corríamos entre los pasillos del hospital. Frente a mi se abrió un puerta donde pude ver una cortina. Al avanzar unos pasos pude también escuchar gemidos. Era Sandra detrás de la cortina, seguí caminando hasta llegar a ella. Pobre Sandra, estaba tan pálida, y podía ver el miedo en su rostro. Trató de decirme algo pero entre gemidos y la falta de aliento no pude entender nada. Sus ojos no me veían, sus ojos estaban fijos del otro lado del cuarto. Miraba con horror, traté de tomarla de la mano pero ella sólo la movio un poco como apuntando en la direccion en la que sus ojos veían. Volteé para encontrarme con la más espantosa escena. Eran mis cuatro amigos, los que yo pensé dejando el hospital para buscar comida. Nuestros cuatro amigos, abiertos por el estómago, sus cuerpos sin vida. Quise gritar, quise llorar, quise ...
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