Las siguientes horas fueron un poco agonizantes, había demasiado movimiento en el hospital. Era un hospital pequeño, pues la población no requería de mas, pero casualmente ese mismo día había otras dos mujeres esperando el momento de dar a luz. Mi momento había llegado, ese momento no puedo describirlo, el dolor más horrible junto con la mayor alegría que jamás haya sentido. Un momento amargo seguido del momento mas dulce. Ahí lo tenia, en mis brazos, un pequeño varon. Con su piel tan suave, y sus ojos tan llenos de paz. Pronto lo llevaron a la sala donde las enfermeras los revisaron, y a los pocas horas, mi bebe se encontró acompañado por dos hermosas niñas. Debieron haber tenido mucho trabajo las pobres enfermeras, tres nacimientos en un sólo día.
A los dos días pudimos regresar a nuestra isla. Jamás voy a olvidar ese viaje de regreso, el sol brillaba, la brisa refrescante, mientras sostenía a ese trocito de mí en mis brazos. Nos habían advertido que había tiburones rondando la isla, pero en esta viaje no vimos ni uno sólo. Cuando pudimos ver nuestra isla al horizonte, notamos que nuestro grupo de amigos nos esperaba a la orilla, todos emocionados para conocer a nuestro hijo, el pequeño Tomás.
Pasaron los meses y una tarde oscura de tormenta, Tomás no dejaba de llorar. Mi esposo y yo nos encontrábamos asustados. No tenía hambre, no tenía sueño, ¿será que estaba enfermo?, ¿pero de qué?, no tenía fiebre, ni ningun otro signo, era sólo el llanto. Fué entonces cuando el llanto paró. Parecía que Tomás hacía esfuerzo en el vientre. De un segundo a otro, la vida de Tomás terminó, en ese intenso esfuerzo, sus esfínteres se relajaron y una extraña masa salió de su cuerpecito, luego las piernas se le desprendieron del cuerpo como en una explosión que después terminó arrojando sus órganos al suelo. Yo no podía entenderlo, no podía para de llorar. A los cinco minutos sonó el telefono, era un médico del hospital donde había dado a luz. Nos dijo que las otras niñas que habían nacido el mismo día que Tomás habían fallecido de una manera inexplicable, igual que nuestro hijo. Los doctores nos pidieron acceso a los restos, querían analizarlos. Como si una plaga se hubiera destado el día en que nuestro hijo nació.
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