viernes, 30 de septiembre de 2011

De visita

Caminaba tranquilamente por el centro de mi ciudad natal. Después de mas de 3 años de no visitarla, cada calle me traía gratos recuerdos que hacían que entreasomara una sonrisa. La vida en el extranjero no es fácil, aunque no niego que la vida en mi país no es fácil de momento tampoco. En resumen podría decir que ambas vidas tienen ventajas y desventajas. Lo que mas he extrañado es la gente tan cálida y la comida tan sabrosa que mi patria ofrece. Esto de estar de visita sí que lo estoy disfrutando.
De pronto siento un golpe en la cabeza, veo el suelo muy cerca y después oscuridad total. Cierro los ojos, o los tengo abiertos, pero no puedo ver nada. Tengo miedo, un miedo que me deja sorda, que se abulta en mi estómago de a golpe. Lo había leído en las noticias todos estos años fuera, pero no creí que fuera a pasarme. Sudor frío, manos heladas, me llevan entre varios dentro de un vehículo, puedo sentir el movimiento, pero no escucho nada mas que el sonido de las llantas a alta velocidad en el pavimento. Tengo miedo, a dónde me llevan. Un miedo que me debilita, me cansa, no me puedo mantener despierta, o acaso me estan sedando, lucho por no perder la consciencia, pero es más fuerte que yo. Tengo miedo, mucho miedo.
Tengo sed, tengo calor, ¿dónde estoy?, ¿qué fue lo que pasó? Abro los ojos, es de día, estoy a la interperie, me duele todo el cuerpo, trato de mover las piernas, los brazos, ¿acaso estoy tocando arena? ¿estoy en el desierto? además creo que estoy sola ... ¿será este el fin?
Hay mi patria querida ¿qué me has hecho? ¿qué has hecho con tu gente hermosa?

martes, 7 de junio de 2011

Memoria interrumpida

Desperté con un fuerte dolor de cabeza. Intenté moverme, pero uno de mis brazos estaba conectado a ... ¡A una botella de suero! ¿Qué está pasando aquí? ¿Dónde estoy?
Ésta definitivamente no es mi cama, ni mi cuarto. Las paredes son tan grises, y por lo que veo en la ventana debo estar como en un quinto piso.
Me duele tanto la cabeza, un momento, parece que estoy tocando un parche en mi cabeza, ahora que lo pienso, esto parece ser un hospital. El olor, la bata, el parche en la cabeza, pero ¿Qué será lo que ha pasado? ¿Qué hago aquí?
Todo me parece muy confuso, espero pronto venga alguna enfermera o algún doctor a explicarme. Lo último que recuerdo es estar sentado en la sala magistral de la Universidad, escuchando ... ¡Escuchando una conferencia!
¿Sabrá algo mi familia? ¿Les habrán informado? Creo que será mejor esperar al doctor, no sería bueno preocuparlos si yo mismo no sé nada.
Hace un poco de calor. Me siento cansado, creo que voy a cerrar los ojos ...
... escucho pasos, creo que alguien viene, debí quedarme dormido esperando. Se escuchan muy cerca ... parece ser un medico.

-Buenas tardes. ¿Cómo se siente usted?
-Me duele bastante la cabeza, ¿Es usted el doctor que me atiende? ¿Sabe qué es lo que pasó?
-Así es, soy el doctor Smith. Usted se encontraba en la Universidad y sufrio un desmayo y perdida de consciencia. Fué trasladado de emergencia a este hospital ayer en la tarde. Se la han hecho ya algunos estudios. Y lamento informarle que tiene un tumor de tamaño alarmante en el cerebro. Aún no tenemos más información al respecto. Es necesario hacerle mas estudios. Pero por el momento será mejor que descanse.

No es cierto, esto no es cierto, ¡debe ser una pesadilla!

-Lo siento mucho. Estará en el hospital un día más en observación, si necesita algo, puede oprimir el botón a la derecha de su cama y en seguida vendrá una enfermera a atenderle. Yo regreso mañana a esta misma hora a platicar con usted sobre algunos estudios que le voy a recomendar.

El doctor caminó fuera del cuarto.
La verdad es que no puedo creerlo. No entiendo. ¿Será que mi vida se desmorona frente a mis ojos? ¿Será no podré realizar mis sueños ... viajar, conocer el amor, tener hijos? ¿Por qué a mi?

jueves, 31 de marzo de 2011

Plaga en la isla

Los golpecitos en mi vientre me despertaron. Las contracciones habían iniciado, pronto sería el momento de dar a luz a aquél ser al que tenía 9 meses esperando conocer. Mi esposo tomó la maleta que estaba preparada cerca de la entrada, luego me tomo de la mano y me acompañó hasta el bote. Cruzamos el trecho que separaba nuestra pequeña isla de la isla principal, donde se encontraba el hospital. Al llegar al hospital después de casi 2 horas de viaje, los dolores se volvian casi insoportables.
Las siguientes horas fueron un poco agonizantes, había demasiado movimiento en el hospital. Era un hospital pequeño, pues la población no requería de mas, pero casualmente ese mismo día había otras dos mujeres esperando el momento de dar a luz. Mi momento había llegado, ese momento no puedo describirlo, el dolor más horrible junto con la mayor alegría que jamás haya sentido. Un momento amargo seguido del momento mas dulce. Ahí lo tenia, en mis brazos, un pequeño varon. Con su piel tan suave, y sus ojos tan llenos de paz. Pronto lo llevaron a la sala donde las enfermeras los revisaron, y a los pocas horas, mi bebe se encontró acompañado por dos hermosas niñas. Debieron haber tenido mucho trabajo las pobres enfermeras, tres nacimientos en un sólo día.
A los dos días pudimos regresar a nuestra isla. Jamás voy a olvidar ese viaje de regreso, el sol brillaba, la brisa refrescante, mientras sostenía a ese trocito de mí en mis brazos. Nos habían advertido que había tiburones rondando la isla, pero en esta viaje no vimos ni uno sólo. Cuando pudimos ver nuestra isla al horizonte, notamos que nuestro grupo de amigos nos esperaba a la orilla, todos emocionados para conocer a nuestro hijo, el pequeño Tomás.
Pasaron los meses y una tarde oscura de tormenta, Tomás no dejaba de llorar. Mi esposo y yo nos encontrábamos asustados. No tenía hambre, no tenía sueño, ¿será que estaba enfermo?, ¿pero de qué?, no tenía fiebre, ni ningun otro signo, era sólo el llanto. Fué entonces cuando el llanto paró. Parecía que Tomás hacía esfuerzo en el vientre. De un segundo a otro, la vida de Tomás terminó, en ese intenso esfuerzo, sus esfínteres se relajaron y una extraña masa salió de su cuerpecito, luego las piernas se le desprendieron del cuerpo como en una explosión que después terminó arrojando sus órganos al suelo. Yo no podía entenderlo, no podía para de llorar. A los cinco minutos sonó el telefono, era un médico del hospital donde había dado a luz. Nos dijo que las otras niñas que habían nacido el mismo día que Tomás habían fallecido de una manera inexplicable, igual que nuestro hijo. Los doctores nos pidieron acceso a los restos, querían analizarlos. Como si una plaga se hubiera destado el día en que nuestro hijo nació.