Hombre de negocios, guapo, inteligente. Desde el día en que lo conocí me pareció encantador. Pronto también me enteré que ya había estado casado una vez, y que su esposa había fallecido de una causa desconocida a los 8 meses y medio de embarazo. De milagro habían podido salvar al bebé. Ahora él era padre de un hermoso niño, inteligente como él y muy amistoso.
Me invitó a salir, y me contó lo difícil que era educar a su hijo solo. Salimos varias veces y pronto me pidió matrimonio. Yo me sentí muy honrada, cómo un hombre tan interesante fué a fijarse en mí. Sin dudarlo, acepté su propuesta, y a los pocos meses nos casamos.
Todo pasó muy rápido, y en menos de lo que pude darme cuenta ya también estaba embarazada. Vivir con él y con su hijo era siempre interesante, aunque conforme fueron pasando los meses del embarazo, él se tornaba un poco frío. Llegó un punto en el que simplemente ya no entendí si tal vez nos casamos muy pronto o si estaba teniendo alguna aventura con otra mujer.
Y llegó ese día, a los 8 meses y medio de embarazo. Me invitó a cenar a la terraza. Me dijo que se había dado cuenta de la poca atención que me ponía ultimamente y que quería remendarlo. Me dijo que me pusiera el vestido negro que me había comprado. Qué feliz me sentía, me arregle y subí muy emocionada a la terraza, cuando abrí la puerta para salir, el me esperaba con los brazos abiertos y una sonrisa que no logré entender. Lo abracé, y en ese momento sentí un piquete en el cuello y ya no pude mantenerme de pie. Tampoco podía moverme, o hablar. Me recostó en el suelo, y pude ver que en su mano tenía una jeringa ...